Dos estocadas, dos orejas

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De Manzanares siempre me ha gustado lo bien que elije los terrenos, las distancias y los tiempos. Monta las faenas con una carga escénica que va embelesando al público, y si después les pone como colofón, a modo de broche de oro, un cañonazo rotundo, no es de extrañar que corte orejas. Sus estocadas fueron distintas, pero igual de efectivas. Al primero recibiendo después de un par de cites que el toro no se tragó. Un cañón en todo lo alto y el toro rodado. La segunda entrando desde lejos y como una bala, otra vez en todo lo alto y el toro rodado. Sus dos “juanpedros” fueron nobles y obedientes, el segundo con mucha calidad, este toro parecía tener más dentro de lo que vimos, pero Manzanares parece tener el público de Sevilla abducido y se le entregó sin reservas.

Foto: Raúl Doblado para ABC

Foto: Raúl Doblado para ABC

La corrida de Juan Pedro Domecq fue buena en su conjunto, con toros nobles, alguno falto de fuerzas como viene siendo defecto general de casi todas las ganaderías, y dieron más posibilidades a sus matadores de las que quizás vimos, sobre todo los dos últimos. López Simón, está más asentado. Su valor y quietud es indiscutible, pero se empeña en hacerles la misma faena a todos sus toros con independencia de la condición de los mismos. Se pudo dejar ir un triunfo importante por empeñarse en las cercanías, cuando, sobre todo su último toro, parecía pedir otra faena.

Enrique Ponce echó la tarde fuera sin despeinarse. Con el lote más flojo, no pudimos ver al Ponce de Bilbao. En Sevilla tiene mala suerte, qué le vamos a hacer.

@isanchezmejias

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