Tres horas de emoción

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En el ahora sábado de “pescaíto” entregamos en la caseta de Los 40 el X premio de la Tertulia al toro más bravo de la feria anterior que, como no podía ser de otra manera, fue para “Cobradiezmos”, de Victorino Martín. A pesar de lidiar por la tarde, el ganadero tuvo la amabilidad de venir a recogerlo, agradecerlo con unas sentidas y reivindicativas palabras y quedarse a almorzar y a charlar con nosotros hasta que fuimos tomando el camino de la plaza de toros. También nos acompañó el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, al que gusta entregar este premio y que resaltó las virtudes de la ganadería de Victorino.

El alcalde, el ganadero y nuestros presidente Ignacio Sánchez-Ibargüen y secretario Ramón Loarte

El alcalde, el ganadero y nuestros presidente Ignacio Sánchez-Ibargüen y secretario Ramón Loarte

Por la tarde asistimos a una corrida de las que crean afición, emocionante de principio a fin. Otras tardes de toros mortecinos que dan más pena que miedo, a las dos horas ya no sabes cómo sentarte ni de qué hablar con los vecinos, y estás deseando que aquello se acabe, El sábado, las tres horas que duró el festejo no pesaron en absoluto y nos las pasamos sin poder quitar la mirada del ruedo, y sólo se fueron algunos que prefirieron dos boquerones fríos en la Feria a un victorino en la plaza de toros vendiendo cara su vida.

Al saltar al ruedo el primer toro, cárdeno con 504 kilos y vareado, levantó los primeros aplausos. No parece que el público esté por el “toro de Sevilla” ni por los mastodontes que estamos viendo últimamente. La presentación y el juego de los victorinos fue variada, desde el primero, estrecho de sienes, al precioso sexto, otro cárdeno más claro y con mucha presencia en la plaza. De juego tuvimos de todo, desde alguno de noble embestida, como el primero de Ureña o el segundo de Escribano, a alimañas como el primero de Escribano. Bravos con más o menos genio, algunos hicieron buena pelea en varas, derribando incluso, y todos vendieron cara sus embestidas y muertes. Unos aplaudidos en el arrastre y otros pitados, pero ninguno dejó indiferente.

Foto: Arjona para aplausos.es

Foto: Arjona para aplausos.es

Antonio Ferrera, al que echamos mucho de menos el año pasado, he estado inmenso toda la tarde. Con su segundo toro hizo una faena espectacular. Toro bravo y encastado, no le regaló ni un pase y le fue sacando faena a base de valor, de exponerle y de jugársela. Su esfuerzo se vio premiado con una oreja de peso. Paco Ureña también estuvo bien con su primero, al que logró sacar varias tandas de naturales a base de estarse muy quieto y consentirle mucho. Hay que estar sobrado de valor para poder hacer eso y la faena llegó al público. En su segundo también expuso mucho, llevándose una voltereta. Escribano pasó de bailar con la más fea, la alimaña de su primero, a su segundo que regalaba embestidas al ralentí. Pero, a pesar de esto, o quizás por esto, no tenía una faena fácil. El público tomó más partido por el toro y la cosa no pasó a mayores porque tuvo que descabellar.

Ferrera tuvo un emotivo detalle al ofrecer a José Manuel Montoliú compartir con él tercio de banderillas para homenajear a su padre, del que mañana se cumple el XXV aniversario del día que dejó su vida en esta plaza. Menuda papeleta para el hijo, que se tuvo que ir a parear un Victorino que se arrancaba como una bala a galope tendido y en los mismos terrenos del 7 donde cayó su padre y, además, a favor de la querencia del toro, que lo alcanzó en el muslo, afortunadamente sin consecuencias.

En resumen, tres horas de reloj y de emoción, donde hasta los japoneses que tuvimos delante acabaron pidiendo las orejas. Dar las gracias al ganadero y a los toreros por semejante espectáculo.

@isanchezmejias

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