Eduardo Dávila sin Miura

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La fiesta de los toros está llena de tradiciones y los aficionados también tenemos las nuestras, aunque pequeñas. Una de ellas es venir a Madrid a ver la de Miura. D. Lorenzo Clemente nos organiza el día a la perfección, y este año el almuerzo, por la presencia de Eduardo en el cartel,  contaba con más “sevillanos” que “madrileños”.

Foto. Paloma Aguilar para ABC

Foto. Paloma Aguilar para ABC

Venir a ver a Dávila matar miuras en el 175º aniversario de la ganadería y verlo acabar matando uno de Buenavista y otro de El Ventorrillo, es un fiasco monumental, pero este espectáculo es así de imprevisible. La corrida de Miura fue una decepción, y tenía al público en contra desde el principio. Suponemos que esperaban la miurada de Pamplona y al no salir ni la de Sevilla, los minoritarios intransigentes que se hacen notar, y de qué manera en Madrid, no le perdonaron ni una. Cinco toros cuatreños cortos, de no mucha presencia y, sobre todo, carentes del poder y de las dificultades que se esperan de este hierro, hicieron de la calurosa tarde un suplicio. Si, además, estás cerca del 7 y tres toros al sol, la cosa toma tintes de drama.

Al aficionado de Lora, Antonio Molina, le tomo prestado el titular de este artículo, que define nuestra decepción. Los ganaderos también estarán decepcionados, y, a la vista del comportamiento del público, aplaudiendo sobreros mediocres de ese encaste que tanto critican, suponemos que para molestarlos, se pensarán si volver en otoño a Madrid. Esperemos que en San Isidro sí vuelvan porque los aficionados tenemos que seguir manteniendo nuestras pequeñas tradiciones.

@isanchezmejias

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