Sánchez Vs Moreno

Los gobiernos vienen y van, los partidos gobiernan y dejan de gobernar, y aquí siempre queda la sociedad civil que los va viendo pasar. Pasó con Rajoy, al que sustituyó un tal Sánchez. Pasó con Susana Díaz, a la que sustituirá Juanma Moreno. Cierto que ha costado más años cambiar al PSOE del gobierno de Andalucía, por eso lo más probable es que el gobierno entrante se encuentre con más dificultades para erradicar inercias de años, malos hábitos y tantos otros vicios que se han podido acumular, como si lo que allí se viniera haciendo fuera el modo andaluz de hacer las cosas. Es la naturaleza de las cosas después de tantos años. El inquilino se cree el propietario del inmueble que alquiló, pero en realidad no lo es. Y el nuevo habitante irá contracorriente al principio, en sus modos distintos –y legítimos- de hacer las cosas. Que pueden ser mejores o peores, pero en todo caso, distintos.

Así como Sánchez se ha encontrado un gobierno con los deberes hechos y orientados, y una maquinaria administrativa engrasada para soportar los cambios de gobierno, Moreno se encontrará una maquinaria que ha ido en un solo sentido en muchos años, con los presupuestos aplazados y con muchas trampas administrativas a la vista y otras desconocidas. Además, así como Sánchez se puede permitir el lujo de aumentar en sus presupuestos para este año la recaudación impositiva en 20.000 millones de euros –que ustedes y yo pagaremos si alguien no lo evita-, el nuevo gobierno andaluz de coalición llevará a cabo una reducción de impuestos vía IRPF y la supresión del de sucesiones y donaciones. Lo que quiere decir que, toda la recaudación de este año –si prosperan esos presupuestos del gobierno- se la va a llevar el PSOE para su campaña política; mientras que el gobierno andaluz tendrá que hacer equilibrios malabares para hacer frente a los compromisos heredados del PSOE de Susana Díaz.

Y mientras, la sociedad civil, que siempre sigue ahí, está observante ante los distintos movimientos que realizarán unos y otros. Los entrantes y los salientes. A los entrantes siempre se le piden mil cosas e incluso se les exige. Efectivamente, la sociedad civil puede y debe pedir muchas cosas a los gobernantes, pero hay que dejarles a ellos hacer del modo que es posible hacer las cosas mejor. Ni se imaginan las dificultades que tiene una administración para mover cosas. Algo que, precisamente, tendrán que mejorar si queremos progresar a otra velocidad. A los salientes les diré, que gracias por los servicios cumplidos. A los que han cumplido con ello, que son muchos, pero no todos. Y si han trabajo bien, encontrarán acomodo en la sociedad civil privada. Mucho más exigente que la pública. Y a los entrantes, también les desearé mucha suerte, mucha paciencia, mucha profesionalidad y que no pierdan de vista de donde vienen. Pues algún día tendrán que volver ahí.

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Crisis poblacional

El resultado puede denominarse crisis poblacional, pero la causa podría llamarse crisis humana. Es, desde luego, de las peores noticias que se pueden dar: en España hay más defunciones que fallecimientos. Algo que también sucede en Andalucía. Esto quiere decir que de continuar esta situación de manera estable por algunos años, la población se iría reduciendo hasta extinguirse. Y haciéndose cada vez más vieja. De hecho ya hubiéramos entrado en una fase de decrecimiento sino hubiera sido por las facilidades dadas a la población extranjera, que supone cerca del 12,5 por ciento en España y del 8,5 por ciento en Andalucía.

Lo verdaderamente preocupante es que las mujeres no tienen hijos. Media de 1,3. Las causas son múltiples. De tipo laboral, salarial, educacional, cultural y escaso apoyo del Estado. Cuando lo natural es la procreación de la especie en una civilización –tener descendencia-, el individualismo, el consumismo, la disminución de matrimonios y el aumento considerable de las roturas, las condiciones de trabajo y los escasos sueldos son motivos necesarios del escaso índice de natalidad.  Pero curiosamente, también ha crecido y sigue en ascenso el número de personas que tiene una mascota. Merece la pena preguntarse el porqué de estos cambios y tendencias. Desde luego, nadie quiere vivir y morir solo.

Posiblemente, una gran mayoría querría tener hijos y una familia. Es donde mejor se está y donde mejor se desarrollan las personas. Una pequeña comunidad de amor. La gran mayoría de españoles se ha criado en estas circunstancias, pero sin embargo, ha renunciado a dar continuidad a este modo de vida. Lógicamente, conlleva dedicación y sacrificio. El amor está unido al sacrificio. Pero a la gente le ha dado por evitar lo segundo, perdiendo así lo primero, que es quien gobierna esa pequeña comunidad. Algo que, con el tiempo se olvida y más si desde el Estado se promueve una cultura que no facilita ese entorno familiar y vital.

¿Qué podemos hacer para dar la vuelta a esta situación que acarrea consecuencias nefastas para la sociedad y la economía? Desde las instituciones saldría muy barato promover una cultura de la vida, del valor de la familia, de los hijos. Nada más natural. Se podría incentivar la natalidad, como se ha hecho en muchos países occidentales que ya sufrieron las consecuencias de la escasez de niños. Que aparezcan más familias numerosas (no hace faltan que sean de una docena de miembros) en anuncios, películas etc. Darles facilidades para la adquisición de vivienda, enseñanza, transporte etc. Más sueldo y mejores condiciones laborales –aquí los sindicatos se podrían mojar un poco-. Conciliar de verdad, lo cual podría ayudar a que se rompieran menos matrimonios. Concienciar a los varones de que las labores del hogar y los hijos son cosa de dos. Si muchos ya cocinan, lo mismo pueden aprender a coser y a planchar. Pregunten a sus padres o abuelas, y seguro que aprendemos muchas cosas buenas.

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La buena Esperanza

Es muy afortunada esa expresión que se dice de que quien se le nota que va a tener un niño/niña: está en estado de buena esperanza. O lo que es lo mismo, mira qué bien que estás embarazada y vas a tener un hijo y todo saldrá muy bien y será maravilloso. Y la susodicha dirá que muchas gracias, sí es estupendo; y pensará que lo es, a pesar de los kilos de más, de algún vomito que otro, del cansancio y de las privaciones propias de alimentos y bebidas que a veces rayan la obsesión -que le meten los pediatras originales-.  La esperanza en alcanzar algo, siendo gozosa y buena, no está exenta de trabajos y ciertos sufrimientos. Son las dos caras de una misma moneda que no puedes separar. Y que, en todo caso, compensa. Y mucho. La satisfacción por obtener lo esperado supera toda penalidad.

Hasta en política hay estados de buena esperanza. Para una mayoría de andaluces se abre un nuevo período de mejorar las condiciones vitales, sociales y económicas de todos en Andalucía. Un modo distinto de gobernar. De relacionarse la sociedad con las cosas del gobierno. Se abre la posibilidad de crear nuevos espacios de libertad e igualdad, de iniciativa y de progreso, sin ser castigado social o políticamente, por lo que uno piensa o es. Sin complejos. Sin presión. Seguramente con nuevas caras, nuevos actores, nuevos empeños, renovados deseos de hacer mejor las cosas. Sin pensar tanto en el poder y pensar más en servir mejor a la sociedad y a las personas. Y para que esto suceda, se espera -la esperanza es lo último que se pierde- que los partidos que conforman una actual mayoría, acuerden y cierren un programa de gobierno y un Parlamento que permita llevar a cabo ese programa.

Hasta para la presidenta en funciones, Susana Díaz, se abre un momento de esperanza, como ella misma expresa en su felicitación navideña. Una esperanza que confía en el recuerdo de Lorca.

Para la política, sirve recordar que al Cabo de Buena Esperanza, el más al sur de África, se le bautizó así porque los marineros portugueses que descubrieron esa ruta hacia la India, esperaban encontrar esa ruta al doblar el cabo. Pero este cabo fue inicialmente bautizado por su descubridor, Bartolomé Díaz, como el cabo de las tormentas. Qué es lo que básicamente se encuentra el navegante hasta que cruza el extremo sur de Sudáfrica. Por fortuna, prevaleció la nomenclatura de esperanza frente al infortunio de las tormentas.

Sin embargo, la verdadera Esperanza procede de aquella niña virgen, en cinta, de la que se esperaba que naciera el hijo de Dios, a quien bautizaron con el nombre de Jesús. Esa espera del advenimiento -el llamado tiempo de Adviento- llega a su fin. En tres días se rememora el nacimiento del niño Dios. En belén. La Navidad. Tiempo de esperanza el que se abre, porque entonces como ahora, queremos vernos libres de toda esclavitud, temporal y espiritual. Y para eso el corazón ha de estar henchido de amor, humano y espiritual, que todo lo perdona y todo lo ama. Amor y perdón son dos caras de una misma moneda. Y esto solo lo encontramos de manera plena en ese niño nacido en Belén de Judá.

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Gobierno profesional

Dados los resultados electorales y la evolución de las negociaciones entre PP y Ciudadanos, todo parece indicar que el lunes se firmará un pacto de gobierno entre ambos partidos y de que, con permiso de VOX y del PSOE –si estos últimos quieren, lo cual es bastante dudoso-, tendremos nuevo gobierno a principios del año próximo. Las alocuciones de cara a la galería política –que no al pueblo votante- de si no quieren o no desean acuerdos con VOX, son una soflama bastante ridícula. Postureo, nuevamente. Y sinceramente, estamos bastante cansados de postureo. Al nuevo modo de hacer política que se espera por quienes han elegido el cambio, se le exige más profesionalidad y más seriedad. PP y Ciudadanos tienen esta oportunidad que, quizá no vuelvan a tener en Andalucía, por lo que se puede entender que no han de hacer tonterías, ni amagos, ni florituras dialécticas. Es el momento de la acción. De la realidad pura y dura. De arremangarse y de trabajar con sentido de Estado, de ser eficientes, de llamar pan al pan, y vino al vino. Sin complejos.

Por eso nada más sencillo y básico que pedir al futuro gobierno profesionalidad y seriedad. Esta es la mejor receta para dar estabilidad a un sistema de gobierno y a una sociedad. A una clase empresarial ansiosa por hacer su trabajo con intensidad, honestidad, imaginación, fuerza e iniciativa. Esta es la vida real que nada tiene que ver con la que se desarrolla en los plenos de los parlamentos, por desgracia. Los responsables de las distintas consejerías próximas serán políticos o personas de la sociedad civil, pero han de ser personas preparadas, responsables y con capacidad de hacer equipo.

Dado que toda España va a mirar, al menos por unos meses, hacia Andalucía para ver qué es lo que hacen el PP y Ciudadanos en un gobierno de coalición, nos gustaría sentirnos orgullosos del gobierno que se forme. Además, tendrán que ir haciendo cuentas para llevar a la práctica algunas de las promesas electorales más repetidas antes y durante la campaña. Muchas de ellas relacionadas con la supresión del impuesto de sucesiones, donaciones y patrimonio, además de la reducción del IRPF en el tramo autonómico. Siendo estas medidas muy positivas para generar confianza y empleo.

No cambio una coma de lo escrito antes de las elecciones solicitando una mejora sustancial en la gobernanza de la cosa pública, en la reforma de la administración para hacerla más ágil y eficiente para el público, en la elaboración de planes estratégicos a largo plazo en materia educativa e industrial con objetivos claros que haya que instrumentalizar ya con medidas a corto, y un largo etcétera. Si las formaciones que nos gobiernen a partir del año próximo coinciden en muchos de sus planteamientos, antes se podrán poner en marcha medidas de mejora. No tenemos tiempo y hay mucho que hacer. Ánimo.

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Decretos populistas

El dinero recaudado por el llamado impuesto de las hipotecas va a las comunidades autónomas, fue aprobado por Felipe González y en Europa lo pagan los consumidores. Lo verdaderamente importante de todo el lío que se ha formado por decidir quién paga este impuesto, si el banco o el consumidor, es que siempre lo va a pagar el consumidor. Lo novedoso y popular es que se hubiera suprimido este impuesto. Pero no, el progresismo del PSOE y de Podemos no va en aliviar pagos de impuestos al ciudadano que se compra una casa. No. Lo que les importa es recaudar más y más dinero del contribuyente para gastárselo ellos en lo que les interese. Aquí está el quid de la cuestión.

El Tribunal Supremo se metió el solo en un lío, cuando una de sus salas pretendía cambiar la doctrina que estaba vigente, según la cual, el comprador de una casa pagaba el impuesto hipotecario, de un crédito que le concedía el banco para su adquisición. La sala tercera en varias sentencias dictaminó que fuera el banco quien pagara ese impuesto. Visto el cambio de tendencia, que posiblemente hubiera tenido efectos retroactivos –siempre indeseables- el alto tribunal decidió dirimir esa cuestión en un pleno. Craso error de funcionamiento interno del Tribunal Supremo. Todo el mundo pendiente del asunto. Semanas después, el pleno decidió, por un estrecho margen, que siguieran siendo los consumidores quienes pagaban. Como sucede en los países europeos que tienen este impuesto.

El gobierno de Pedro Sánchez, empujado por su socio Pablo Iglesias de Podemos, aprovechó la oportunidad para ganar réditos políticos entre el pueblo llano. Y en dos días, cambió la ley que puso Felipe González, para que efectivamente, fueran los bancos y no los consumidores, quienes pagaran este impuesto. Por decreto ley. Todo muy anticapitalista. Eso le pone cachondo al señor Iglesias. Y, por ende, a Pedro Sánchez. Pero claro, esto es tan sencillo como que los bancos van a cambiar desde este mismo lunes los contratos hipotecarios, de tal forma que la cantidad que van a pagar en impuestos por cada crédito hipotecario –por deseo expreso de estos políticos- repercuta en el cliente. Es decir, que las hipotecas serán más caras a partir de ahora. Por deseo expreso de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Todo muy capitalista.

Aquí tienen el claro ejemplo de la política que está haciendo el actual gobierno. Aparentar que las cosas cambian a mejor, pero consiguiendo que todo siga igual. Estando la cuestión un tiempo en todos los medios informativos para ganar cierta imagen. Gastar tiempo y dinero en esta estrategia. Y ganar votos. Es decir, que en esta operación del impuestos de las hipotecas solo ganan el PSOE y Podemos. La banca se queda como está. Los consumidores siguen pagando lo mismo. Y el Tribunal Supremo queda tocado por la acción de Gobierno. Viva la independencia de poderes. Viva el progresismo y el anticapitalismo.

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Clichés sobre Andalucía

Solo ofende quien puede y solo se siente ofendido quien se identifica con la ofensa. Que Jorge Vestrynge –ese señor político que va de derecha a izquierda y tiro porque me toca sin inmutarse- diga que a los andaluces solo les interesa el rebujito, las gambas y la cerveza es simplemente un exabrupto propio de un frívolo y un ignorante. Que la exministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, diga que los estudiantes castellanos aventajan en dos años a los andaluces, es una torpeza lingüística inoportuna, porque lo que quería decir es que el modelo educativo andaluz obtiene peores resultados que el castellano-leonés, lo cual es muy cierto. De tal forma que entre los sujetos pacientes de esos modelos, es decir, los jóvenes estudiantes, existe una brecha diferencial a favor de los castellanos. Pero la culpa es de los políticos, no de los chavales. Y es que García Tejerina podrá ser muy lista, pero es un poco torpe.

Pues lo dicho, si ante semejantes declaraciones alguien se siente aludido, tiene un problema de estima grave. Si, además, es un político que intenta justificar su ineficiencia poniendo por delante a todos los andaluces, es un cobarde que no es capaz de reconocer sus propios fallos y se escuda en otros para simular su torpeza. Y desde luego, con esta actitud, no ayuda nada a limpiar todos los clichés que sobre Andalucía y los andaluces existen, sobre todo, en el resto de España. Y me refiero a los clichés falsos, no a los folclóricos, porque de esos, todas las regiones tienen los suyos sobre otros, y viceversa.

En todo caso, da la casualidad de que quien marca la personalidad de un pueblo y de sus gentes, son generalmente sus gobernantes. Así, por ejemplo, el Rey de España es posiblemente la persona más representativa de lo español en el mundo y en el propio país. O personajes como Rafa Nadal. Y por ahí, podemos estar más que satisfechos. En Andalucía, posiblemente, quien más dibuja la personalidad de un andaluz es la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. En otro orden de cosas, se puede decir que el PSOE, gobernando casi 40 años, es también responsable de lo que Andalucía y los andaluces somos respecto al resto de España. Para lo bueno y para lo malo.

Si los medios de comunicación dieran más cobertura a personajes líderes en su ámbito de la sociedad andaluza, y diera menos cobertura a los políticos, la percepción de Andalucía y de los andaluces sería más variada, enriquecedora y positiva a nivel nacional e internacional. Pero la realidad es que la sociedad está absolutamente politizada, en el sentido de que siempre hay un político por medio, y todos los logros de la sociedad se deben al buen hacer de sus políticos. Y, oigan, eso no es verdad. A pesar de los políticos, la sociedad avanza. Si nos acompañaran en lugar de decirnos lo que tenemos que hacer, las cosas irían mucho mejor.

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Más impuestos, más esclavos

Cada vez que suben los impuestos usted es un poco más pobre y un poco más esclavo. Le dirán que es para pagar la sanidad pública. Le dirán que es para pagar la educación pública. Le dirán que es para promover la igualdad entre ricos y pobres o entre hombres y mujeres. Le dirán que es para asegurar sus pensiones, pero eso es mentira. Le dirán que es para atender a los inmigrantes, pero eso es igualmente mentira. Todo impuesto es una cesión obligada al Estado –en el caso que contemplamos- del dinero que ganamos para que lo gestione y gaste en favor del bien común y de la manera más eficaz posible. De ahí salen las carreteras, los ferrocarriles y aeropuertos, hospitales y escuelas.

Pero fíjense que, hoy en día, no habría necesidad de que el Estado hiciera tantas cosas porque la iniciativa privada las puede hacer y, de hecho, hace muchas. Hacen aeropuertos, ferrocarriles, hospitales, escuelas. Y, se preguntará entonces, ¿para qué necesita el Estado hacerlo?  Le dirán que es para que funcionen las cosas, pero eso es mentira. Le dirán que es para que todo el mundo pueda tener asistencia, pero eso también es mentira. La gestión privada puede hacerlo igualmente y de manera más eficaz. Hay quien se aprovecha de esas situaciones, dirá. Es posible. ¿Pero acaso no hay corrupción en la cosa pública? Si, y mucha. ¿Por qué entonces ese afán recaudador? Porque eso es poder. Y el poder es control.

Y son ustedes, los votantes, los que les dan el poder para dirigir los destinos de su vida y de su dinero. Es alucinante pero supongamos que usted gana 1.333 euros brutos al mes. La seguridad social y otros conceptos menores, se llevan ya cerca de un 33 por ciento, es decir, ya se queda con 1.000 euros. El IRPF se lleva otro 15 por ciento. Toda compra que usted hace, se lleva entre un 21, 10 o 4 por ciento, según productos.  Tradicionalmente, los gobiernos socialistas son recaudadores. Los gobiernos de ultraizquierda –como Podemos- son confiscadores. Y gastones. Y la suma de unos y otros es una bomba, para la autonomía personal y de un país.

El acuerdo que han alcanzado el Gobierno de Pedro Sánchez y el Podemos de Pablo Iglesias para los presupuestos generales del Estado es marcadamente confiscatorio. Y pone en peligro la recuperación de la economía. Elevar el salario mínimo a 900 euros –o a más- sería el ideal de todo gobernante, al igual que elevar las pensiones y fijarlas al IPC. Pero eso no es posible en este momento. Los pequeños empresarios no pueden permitírselo, porque además esa cantidad lleva consigo más pagos a hacienda y la Seguridad Social. España tiene que pagar las pensiones pidiendo crédito. ¿Creen que eso es sostenible?  Aumentar la cuota mensual de los autónomos unos 35 euros, es un abuso mayúsculo. Espero que los más de tres millones de autónomos se lo agradezcan en las urnas.

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Startups: riesgo y oportunidad (2)

Nacerían y se desarrollarían muchas más startups si tanto el gobierno central como el autonómico facilitaran fiscalmente la inversión en estas empresas incipientes donde el riesgo es muy elevado. Están bien las ayudas a la inversión en I+D y en personas dedicadas a ellos. Pero no es suficiente. Al principio lo que hay en estas sociedades son personas concretas, sus ideas, su trabajo y su dinero. Punto. Un tanto por ciento muy elevado de estas iniciativas mueren en el camino sin alcanzar ni los tres años de vida. Las causas son de lo más variadas, pero vamos a la más decisoria, en mi opinión, que determinará el futuro próximo: la implantación de un gobierno corporativo en la startup.

No sé si fue lo primero o lo segundo que me llevó a invertir en Footters, ec2ce y Bluumi (que ya presenté el sábado pasado), pero el equipo fundador es esencial. Además de convencerte de que esa persona o equipo será capaz de poner en marcha el proyecto, tiene que ser buena persona. Y ha de saber escuchar y pedir consejo. Y, en su caso, saber rectificar o amoldarse a otras decisiones. Lo que significa ser humilde. Y,  por supuesto, honrado. Afortunadamente estas cualidades o virtudes se dan en estos equipos, lo que les ha llevado -además de tener lógica empresarial- a constituir en poco tiempo un consejo de administración y un organigrama directivo con misiones bien determinadas. Este es un punto esencial para el éxito posterior. Alguno se ha podido quedar en el camino, pero hace falta claridad de objetivos, equipo unido y el dinero suficiente para llegar  con éxito a la siguiente fase de crecimiento y expansión.

Con estos mimbres, más los citados el sábado pasado del esfuerzo comercial con el producto definido, llegamos a las puertas de la fase que nos permitirá dar un salto cualitativo y cuantitativo decisivo, con la entrada de uno o varios socios que den estabilidad financiera para los próximos dos o tres años. A este punto hay que llegar con todo ordenado y claro. Generando ingresos –incluso beneficios- y con valoraciones que han multiplicado tu inversión por 4 ó 5 en dos años, como es el caso. Si además llegas a este punto, con acuerdos internacionales o clientes globales o asentamiento exterior, miel sobre hojuelas. Como es el caso.

El nuevo socio o socios que entren tienen que aportar, además de dinero, expectativas claras de negocio y de revaloración de la compañía. En España y Europa seguimos penalizando el valor de la compañía que asociamos únicamente al ebitda. Craso error. Los inversores anglosajones tienen una visión más amplia del valor de la tecnología y sus aplicaciones. Con los nuevos socios llega la fase de expansión geográfica y crecimiento del negocio; de demostrar la rentabilidad de esa idea originaría perfeccionada y palpable, donde te encuentras acompañado con personas que nunca imaginaste. Si se venderá o no la compañía es algo que está por ver. Lo mismo nos gusta cómo funciona y nos instalamos.

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Startups, riesgo y oportunidad (1)

No encuentro tema más interesante en la actualidad estival que contarles una historia verdadera vivida en primera persona: la aventura de embarcarse en varias startups viendo cómo crecen los proyectos, las dificultades que encuentran, los aciertos y desastres, las penas y las satisfacciones, el éxito o el fracaso. Todo empezó cuando invertí, primero, y  entré, después, en el consejo de WPS, la empresa tecnológica del sector hotelero creada e impulsada por Pedro Fernández-Salvador. Fue, seguramente, una de las primeras startups sevillanas y españolas en tener éxito, aunque entonces no se denominaban así. En 20 años se posicionó en los primeros puestos de su nicho de mercado a nivel global y se vendió a un fondo norteamericano hace tres años que la convirtió en lo que hoy es Onix, que sigue en Sevilla.

De esa operación salió el dinero para los siguientes proyectos empresariales. Los más destacados son Bluumi, una fábrica de aplicaciones móviles con un sistema abierto para grandes corporaciones con miles de clientes o usuarios; ec2ce, posiblemente la primera empresa que aplica inteligencia artificial a toda la cadena agroalimentaria para mejorar rendimientos y prever acontecimientos futuros como cosechas o plagas; Footters, una plataforma digital para retransmitir partidos de fútbol no profesional. Nada que ver un negocio con otro, un equipo de emprendedores con otro, un estilo con otro, una cultura con otra. Pero sí que hay varias cosas en común, y la menos relevante, es que sea socio y consejero en estas tres startups.

Equipos hipermotivados, implicados en el proyecto con su trabajo, su dinero y casi todo, porque esa es la aventura de su vida. Hay una idea original; un desarrollo aplicable; la factibilidad de llevarlo a cabo; con una idea del negocio más o menos clara –esto se puede ir puliendo-. Con un valor añadido y un negocio escalable a todo el mundo. Participar en proyectos así, merece la pena. Y, además, todos creados en Sevilla. En los inicios hace falta algo de dinero para completar el proyecto y ver si se puede ganar dinero con él. Sobra cierto desorden en las tareas y trabajos, cierta desconfianza inicial normal en los nuevos accionistas que están tan locos como para entrar en esa primera ronda; sobran también excesivos requisitos y garantías de la Administración para echar una mano, que al final afrontan los accionistas privados, asumiendo todo el riesgo.

Terminado el producto, hay que hacer clientes. Encuentras, como en todo, gente que se aprovecha, gente que paga lo establecido por un trabajo y clientes que confían. Gracias a estos últimos, también salen adelante todas estas pequeñas compañías. Entre tanto, sigue haciendo falta más dinero (es como un niño recién nacido que tiene sus horas previstas para comer pero que siempre pide más y a cualquier hora). Y, por lo general, sigue siendo más barato el dinero de los accionistas: ni administraciones, ni bancos, ni nada.

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Para servir, servir Presidente

Esta es una carta que me ha llegado solicitando su publicación. Y eso es lo que hago, comprobando la identificación veraz del solicitante.

 

Empezaría diciendo al nuevo presidente del Gobierno que soy centennials, que no estoy obligado a votar pero, que soy uno de los ciudadanos españoles que no asocio el voto con una fórmula de cambio por la poca credibilidad de lo que provenga del ámbito político de mi país, España.

Mi voz representa a los centennials, pero también a la Generación K. Son casi sinónimos. El nombre procede de la película los juegos del hambre, jóvenes que piensan que viven en una sociedad en permanente conflicto. Un mundo violento, distópico e injusto ante la que deben reaccionar.

Tras el asombroso éxito de la moción de censura del 1 de junio, en mi interior ha surgido una irresistible búsqueda de explicaciones y sentimientos de cómo documentaron la moción y cómo actuar desde el Gobierno para ser coherente con las razones que llevaron al proceso de cambio de presidente.

Por supuesto, que la situación es más confusa y que los motivos de cada uno de los que apoyaron la moción eran muy diferentes y estratégicamente heterogéneos. Como buen adolescente me declaro “ciudadano del mundo” y soy de una generación tolerante que nos preocupa el interés por la política a través de otros mecanismos políticos, no convencionales, como las manifestaciones, concentraciones o marchas de protesta.

Mi generación no muestra un desinterés generalizado, sino más bien una visión crítica sobre algunos elementos de la vida política. Lo único que le pido Presidente, por favor, que tenga el honor de servir a España y aprender a defenderla, que quien no vive para servir, no sirve para vivir.

                                                                                                                                 F.B.V

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