Cenando con Joaquín Almunia

El jueves por la noche tuve la fortuna de compartir mantel, cubierto y viandas con Joaquín Almunia Amann, Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea, y un nutrido grupo de empresarios. Una fortuna buscada, en tanto que le invité hace meses a impartir una conferencia en el foro de la Fundación Antares y a participar en la cena coloquio posterior, que tengo la suerte de moderar. Coincidencias de la vida, esto ha sucedido cinco días después de celebrarse la cumbre del G-20 en Washington. La conferencia versó sobre las respuestas europeas a la crisis global, de la que dio buena cuenta, reconociendo sin ambages la gravedad de la situación económica mundial, europea y española, ante la cual solo caben recetas unitarias y globales. En el coloquio, se tocaron otros temas igualmente jugosos. Con sentido común, realismo y sin partidismos baratos.

 

Para Almunia la reunión del G-20 fue un punto de partida necesario, que además se  llevó a cabo por iniciativa de la Comisión y la Unión Europea. Conseguidas las líneas  sobre las que incidir en la economía financiera y real para reactivarla, ahora vendrán las medidas concretas. Una de ellas se refiere a las políticas fiscales. El próximo día 26 de noviembre la Comisión planteará a los países miembros una batería de incentivos –donde el IVA no se contempla-  que espera sean susceptibles de ser aprobadas y aplicadas. Para este bilbaíno que pudo ser presidente del Gobierno, la política de tipos de interés que está aplicando el Banco Central Europeo es acorde con el momento. Si los diferenciales que luego aplican las entidades financieras a sus clientes son mayores o menores, es cuestión de cada banco o caja. “Ahí no podemos hacer nada, la ley del mercado pondrá a cada uno en su sitio”. Una respuesta que sirve igualmente para aquellas entidades que acuden a las ayudas que están poniendo en marcha los gobiernos y quizá no llegan luego a las pymes, incluida España.

 

¡España, España¡ No estamos en la mejor posición para afrontar la superación de la crisis. El Comisario de Asuntos Económicos lo constató sin miramientos. Tenemos unas peculiaridades que pueden hacer más duradera nuestra particular crisis: déficit exterior que ronda el 10 por ciento de nuestro PIB; cifras de paro en ascenso galopante; una inflación por encima de la media europea; y un sector inmobiliario que sin duda lastra, entre otras cosas, la liquidez del sistema financiero. No obstante piensa Almunia que la estabilidad financiera puede llegar antes de lo esperado. Otra cosa será la economía real. Sobre la energía nuclear entiende que debe abrirse un debate serio, profesional y sin apasionamientos. Porque tenemos un problema energético que hay que resolver y no vale mirar para otro lado. Y siempre hay lugar para la esperanza: “señor Almunia, ¿en qué fecha se terminará la crisis? -Pues, el año que viene si Dios quiere”. De Bilbao tenía que ser.    

 

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