La novedad del desempleo

Lo novedoso es que no hay novedad. Las listas del paro siguen siendo engrosadas por sevillanos, andaluces y españoles. Mes a mes. El de febrero ha sumado casi tres mil hispalenses más. Y ya son 218.982 personas. Cierto que jóvenes por debajo de los 25 años alcanzan la cifra nada despreciable de 25.716 en paro. Pero quizá tengan una familia que les acoge. Sin embargo, por encima de esa edad, hay casi doscientos mil sevillanos en paro. La mitad de los cuales procede del sector servicios. Lo triste es que no es nuevo y sería grave que nos olvidáramos de esta sangrante tragedia por el mero acostumbramiento a leer cifras impersonales.

En Andalucía la cifra de parados, al cierre del pasado mes de febrero, ascendió a 945.000, en números redondos; 14.000 más que en enero. Un siete por ciento más que hace un año. A nivel nacional, la cifra de paro dada ayer por el Ministerio de Trabajo –que paradoja de nombre- se elevaba a 4,3 millones, 68.000 personas más. Es verdad que poco a poco van decreciendo las cifras, pero todavía no se crea empleo neto. Y cuando se empiece a crear –Dios sabe cuándo, porque Zapatero no tiene ni la más remota idea- será muy lentamente y tendrán que pasar años hasta llegar a unos niveles comúnmente asumibles por la economía y la sociedad, entorno al 7 por ciento de tasa de paro.  Puede suceder que el turismo nos acompañe los próximos meses y aumente la contratación en el sector servicios. Pero sepan que será por la desviación de un turismo que quería ir donde ahora muere gente conquistando su libertad: Oriente Próximo. 

 La Seguridad Social, en términos nacionales, ha perdido 237.000 cotizantes. Eso significa que en España hay oficialmente 17,34 millones de personas que trabajan y cotizan, para una población de 49 millones de españoles. Es evidente que la reforma de las pensiones era necesaria. Básicamente porque no se encuentran soluciones para que nuestra economía genere nuevos puestos de trabajo, es decir, más cotizantes.   

Más paro. Más impuestos, aunque el Estado no recauda lo que necesita (lo que significa que puede haber más subidas impositivas). Menos consumo y más ahorro (es la tendencia natural a la incertidumbre). Más inflación. Menos salarios. Qué novedades más poco halagüeñas. Siempre asocié lo novedoso con las buenas noticias. Me equivoqué.

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