Cuatro horas con Plácido

Plácido Domingo recibió el pasado jueves el premio que la Fundación Antares Foro concede a aquellas personalidades que han destacado por su trayectoria artística y personal. Una figura asequible que puede aportar mucho a la sociedad civil, pues gente de toda condición puede coger libremente aspectos de su personalidad. Como director de la fundación seguí en primera persona todo el proceso y le acompañé en todo momento. Desde que le recogí en el hotel a las 12.30 horas hasta que le dejé pasadas las 15.30 horas. Iba acompañado de su mujer, la mexicana Marta Ornelas. Toda una señora, así como Plácido es todo un caballero. Y cuento este breve relato de impresiones –que espero no traicione la intimidad del encuentro- porque no siempre coinciden los grandes personajes con las grandes personas. Pero en este caso es tan verdad esta coincidencia como grande es nuestro tenor más internacional.

Lo primero de todo es que Plácido Domingo aceptó recibir el premio. Acostumbrado a  recoger de manos de reyes o presidentes de gobierno distintos galardones, acudir a recoger el premio de la Fundación hace grande a la institución y también él mismo se crece. Es una persona sencilla y acogedora; cercana con quien se aproxima a saludar o a fotografiarse con él –y el jueves muchos sevillanos se hicieron fotos con Plácido-. Para poder atender a todos, en la copa posterior al acto, no probó un solo canapé. Y solo al final pudo sentarse entorno a una mesa para tomar un tentempié. “No me he sentido mejor tratado en ningún lugar como aquí”, le dijo a un camarero. Para preparar sus palabras de agradecimiento al premio que iba a recibir me llamó con anterioridad desde el hotel para preguntar por algunos detalles. Siempre estuvo pendiente de todos y de todo. Momentos especiales con Don Manuel Olivencia, con quien coincidió en la Expo 92; o con Remedios Navarro, directora del Maestranza, o con Pedro Halffter, director artístico del Maestranza; o con las hermanas Carmen e Isabel Cobo, con quienes le une una gran amistad. O con esa mujer a quien dedicó unas líneas cariñosas para su hermana enferma. Y con tantos con los que se ha rozado en estos días que ha estado en Sevilla.

¡Qué pendiente estaba de su mujer! Verdaderamente la trataba con delicadeza y cariño. Me impactó ver emocionarse a Plácido Domingo durante las palabras previas a la entrega del premio o, después, cuando le contaron una anécdota de un hermano del Gran Poder que revivió la parábola del hijo pródigo. Es la sensibilidad extraordinaria de los artistas. Fue generoso con su tiempo y con los demás. Cuando dejé en la puerta del hotel a Plácido y a Marta, esperaron a pie en la escalera a que partiera. Detalles de un grande que hace grandes –por un momento- a quienes le rodean.

Esta entrada ha sido creada en Clave de luna y etiquetada como , , , , , , , , , , . Marca el permalink. Enviar un comentario o deja un trackback: URL para trackback.

Envía tu comentario

Su correo nunca será publicado o compartido. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*