El contoneo fiscal

Y por fin se hizo la luz. Al menos en lo que a la contribución que hacen las comunidades autónomas para el mantenimiento del Estado y a lo que recibe cada cual, según criterios de cohesión y solidaridad territorial. Una controvertida publicación de cifras que unos pocos presidentes autonómicos no hubieran querido que vieran la luz, presumiblemente para que no se supiera la realidad de sus cuentas. No hay mayor varapalo que una verdad. Y esto es lo que duele. Controvertida publicación también porque los economistas no se ponen muy de acuerdo en el sistema empleado. Pero ya sabemos que no hay modelos perfectos. Este al menos sirve muy bien al principio fundamental del derecho a la información. Que es el que tenemos todos los contribuyentes para saber qué se hace con nuestro dinero. Y sirve, igualmente, para corregir lo que sea procedente y, sobre todo, gobernar los dineros de la mejor manera posible y de modo equitativo. Desde  luego, si no existieran las comunidades autónomas, nadie se pondría nervioso ni existirían comparaciones, que siempre son odiosas y algunas veces necesarias.

El modelo de balanzas fiscales territorializadas mide, como bien saben, lo que ingresa un territorio y lo que recibe del Estado. De esta simple resta sale que Andalucía es, en números absolutos, la comunidad que más recibe del resto de regiones, con un saldo a su favor de 7.421 millones. Esto significa que nuestra comunidad es la que más recursos necesita y la que menos genera, teniendo en cuenta su población. Es decir, que necesita de la solidaridad de los que más generan –Madrid, Baleares, Cataluña y Valencia-  para satisfacer sus necesidades de servicios al ciudadano. Creo que, al menos, las gracias tendríamos que darlas.

Una situación así lo único que debe llevar a la Comunidad Autónoma de Andalucía es a hacer un ejercicio de responsabilidad con el dinero que se maneja. Y desde luego, lo que se ha visto en estos últimos años, a la luz del caso de los EREs y de las subvenciones poco controladas, ha sido un auténtico despilfarro. Más allá de esto, se trata igualmente de que el dinero que se emplea surta el mayor y mejor resultado. Y para llegar a esta meta hace falta mucha profesionalidad y sobra mucho politiqueo. Como también sobran muchas mentiras y chulerías por parte de algunos presidentes autonómicos sobre sus contribuciones y peticiones.

Es verdad que hay inversiones destinadas a los territorios, de las cuales se benefician todos los españoles y el turismo extranjero. Variantes difíciles de medir y aplicar a estas balanzas fiscales pero igualmente reales.

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