Las dos cataluñas

El jueves pasé unas horas en Barcelona, Tarragona y en Riudoms, pequeña población cercana a Reus, en donde acompañaba a una persona querida y su familia en el funeral de su madre. No entendí casi nada de la misa. Como tampoco la entiendo cuando voy a Bilbao y es en euskera. Y sin embargo me siento en casa, como en Sevilla. Siempre he pensado –y más hoy en día con la clara desafección que producen los políticos- que la vida va por un lado y los políticos quieren imponer otro tipo de vida artificiosa para justificar su puesto, el sueldo y mantenerse en el cargo. Estrategias calculadas en un despacho. Y eso es lo que ha venido ocurriendo en Catalunya en los últimos años, como sucede en el País Vasco y otros lugares. Toda la maquinaria de la autonomía –que tiene muchos medios, televisión y educación incluida- se pone en funcionamiento para endosar unos sentimientos y unas ideas para que vayan calando en los ciudadanos poco a poco. Hasta que las asuman como algo natural. Una manipulación, en fin, de la cual no te puedes librar si no la miras desde la distancia o encaramado en los hombros de un gigante para que puedas ver más allá del bosque.

La Vanguardia regalaba el periódico en el aeropuerto. Lo cogí con gusto. El titular de portada rezaba así: “la querella contra Mas aleja la vía del diálogo”.  Evidentemente, este título pone el acento en lo que interesa al establishment que propugna el separatismo: es decir, en el diálogo. Pero un diálogo es imposible cuando alguien quiere imponer a otro su postura. Por eso hemos llegado hasta una querella del Estado contra los responsables de la parodia de referéndum del 9 de noviembre. Y luego, imagino, vendrá la contra querella de la Generalitat contra los responsables del Estado que impidieron el normal desarrollo de la consulta independentista. Y todo con dinero público, claro. Estamos ante un chalaneo que ya empieza a agotar a todo el mundo.

Atendiendo a la legalidad, el Estado no tiene más remedio que denunciar lo que fuera que fuese esa especie de consulta. Porque va contra la soberanía nacional, porque los tribunales fallaron en contra, porque se usaron locales públicos para acoger las urnas y porque se usó dinero público para hacer algo ilegal. Eso es lo que vimos. Si hay artificios legales –como hay ingeniería financiera- para burlar a todo el mundo, incluida la justicia, eso nos supera a los ciudadanos de a pie.

Los del establishment español y catalán, hablan de españoles y catalanes –como si fuera un insulto-; hablan de política en clave partidista; de una especie de diálogo; de que nos roban y un largo etcétera. La gente normal –que es la mayoría gracias a Dios- nos entendemos perfectamente uno y otros sin clasificar a nadie: tenemos nuestros amigos, hacemos nuestros trabajos, nos vamos de vacaciones, y, también, hablamos de las cosas buenas y no tan buenas que tiene cada cual. Y tan felices.

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