El pato Donald

Desde la barrera o un poco más lejos las cosas que ocurren en el ruedo se ven con más perspectiva. Los resultados electorales de las votaciones en Estados Unidos son un claro experimento sociológico en el que se vislumbra un mismo mundo con dos visiones distintas: la de los que están en el ruedo y los que permanecen fuera. Lo grave es que cada vez hay más personas dentro del ruedo empeñadas en hacernos creer a los que estamos fuera que la realidad es la que ven solo ellos. Esta es la tremenda lección que se puede sacar del resultado electoral en el que ha salido presidente del país más poderoso del mundo, el estrambótico empresario Donald Trump; de manera inesperada y sorprendente, contra todo pronóstico de los que estábamos en la verdad.

El establishment que los ciudadanos estadounidenses han querido derrotar en las urnas, también lo han derrotado en la opinión pública europea y, por supuesto, española. Porque eso es y no otra cosa –al menos cada vez se ve más claro- lo que ha sucedido en Estados Unidos.  Cierto que han votado a un empresario extravagante. Bocazas. Y todo lo que ustedes quieran. Pero lo han elegido porque no representaba a la clase política. A las familias políticas. Al de las falsas promesas. Al de lo políticamente correcto. Trump dice lo que piensa, aunque lo que piense sea, en ocasiones, una barbaridad. Y otras veces sea irrealizable. Injusto, quizá. Pero junto a todo eso hay también, como suele ocurrir, partes de verdad. De autenticidad. De ir contra corriente. Todo va unido, como los ramitos de cerezas. Los estadounidenses saben lo que no quieren y han votado contra eso. Cansados. Hastiados. No me digan que no les suena este panorama. Y en Europa no nos hemos enterado porque los medios de comunicación, salvo alguna honrosa excepción, no nos informan de lo que sucede en Estados Unidos sino de lo que les gustaría que ocurriera en Estados Unidos. Y no me digan que no les suena esto.

Estados Unidos siempre ha sido un aliado estratégico de España, a pesar de Zapatero. Con un presidente demócrata o con un presidente republicano. Y Andalucía es sede de dos bases militares estratégicas como Rota y Morón. Por tanto la opinión de nuestros políticos o representantes del establishment español –al que Donald Trump no representa en su país- sobre el recién elegido presidente, debería de ser prudente y cuidada. Como de aquel que quiere mantener una cordial relación con la persona que representa los intereses del país más poderoso del mundo.

Trump es un patriota como el pato Donald. Un inconformista. Un aparente antisistema. Algunos lo llaman populista. Desde luego nada que ver con los populismos europeos o latinoamericanos. Está por ver cuál será su acción de gobierno. Tonto no es, desde luego. Pero sin duda va a cambiar el estilo de hacer política. Eso es lo que han querido los ciudadanos soberanos de los Estados Unidos. Eso es democracia. Aunque se ve que a muchos no les gusten los resultados democráticos sino coinciden con su modo de pensar. Y, reconozcámoslo, no lo tenían nada fácil.

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