Apaga luz, Mariluz

El frío y el coste de la luz han sido, casi con toda seguridad, los dos temas de conversación más habituales de estos últimos días. La ola de frío que asola la península está teniendo unas consecuencias bastante perjudiciales para la salud y para el bolsillo. Aunque siempre hay alguien que sale ganando. Y es normal que sea así. Los fabricantes de ropa de abrigo, los de estufas, los de mantas, gorros y guantes. Los fabricantes de vacunas contra la gripe, los de analgésicos y demás medicamentos para catarros y resfriados, los farmacéuticos, los hospitales y clínicas privadas. Hasta los tanatorios. Qué cosas hay que escribir. Y por supuestos, las empresas que producen y comercializan combustibles sólidos, líquidos y gaseosos. Amén de las eléctricas. La lista es larga. Pero es lo normal. Y conviene no sacar las cosas de quicio.

Como ya se habrá informado, el precio de la electricidad ha subido considerablemente estos días de intenso frío porque la demanda de energía eléctrica está siendo muy elevada. Las compañías eléctricas son productoras y comercializadoras de energía para su consumo doméstico, industrial y urbano. El precio real de la energía que consumimos depende de sus costes de producción o adquisición y los de comercialización. Actualmente, por la ausencia de lluvias prolongadas, la menor intensidad del sol y del viento, las únicas fuentes de energía de las que se nutren las eléctricas son el carbón, el gas, el petróleo y la nuclear. La mitad, aproximadamente, de nuestro parque de generación. Y estas energías son las más caras –salvo la nuclear- y las que más se han reducido en los últimos 15  años. Al parecer porque pedíamos a gritos los españoles que nos pusieran energías renovables. Que son más limpias. Cierto. Y también muy caras. Tanto que seguimos pagando su instalación y primas en el recibo de la luz.

Quejarse es lícito. Tener razón para quejarse, es otra cosa. Si nuestro parque de generación eléctrico fuera mayoritariamente nuclear, nadie se quejaría del precio que pagamos por la luz estos días. O si tuviéramos en funcionamiento algunas de las centrales de ciclo combinado que teníamos en Andalucía, el precio seguramente también sería menor. Pero no. Nos hemos dotado en muy poco tiempo de un parque de renovables muy caro, que no funciona siempre. Como es el caso. Por no hablar del carbón. Que lo seguimos manteniendo por solidaridad con algunas comarcas que viven del mineral negro, que es deficitario e insalubre.

A lo que voy. Tenemos la energía que tenemos por decisión política que no popular. Y es cara y la tenemos que pagar. Y eso es lo que va en la factura de la luz, además de los omnipresentes impuestos. Si todos los impuestos indirectos que pagamos los pusiéramos en una cuenta como la del IRPF, se nos caerían los palos del sombrajo. Troya, ardería. Y sabríamos lo que nos cuestan los servicios y, seguramente, los cuidaríamos mejor. Así es que, mientras esto no cambie, a cantar. Apaga luz, Mariluz, apaga luz, que yo no puedo dormir con tanta luz. Los borrachos en el cementerio, juegan al mus.

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