El mito de la igualdad

Una de las banderas más agitadas al viento de la propaganda socialista, y ahora también de casi todas las opciones políticas, ha sido la de la igualdad. Y para poner el foco en algo más concreto, hoy lo pondremos sobre la igualdad en materia educativa. Desde que existen las autonomías en España, en Andalucía se ha intentado llevar a la práctica por el partido socialista este ideal en la escuela y la universidad. Aunque nunca hemos sabido en qué consiste ese ideal que, en términos abstractos parece del todo deseable alcanzar, veamos qué hemos logrado en materia educativa.

Tanto en España como en Andalucía uno de los objetivos prioritarios al inicio de la democracia fue universalizar el acceso a la educación. Algo que ya se había iniciado con Franco y que ciertamente se ha conseguido alcanzar. Todo era cuestión de levantar escuelas y producir profesores. Ahora bien, ya a finales de los setenta empezaron a cambiar los planes de estudios. Y cuando la Logse se impuso, todos los datos disponibles indican que la calidad de la enseñanza se ha ido perdiendo paulatinamente. Y como todos ustedes saben la educación en la escuela influye luego en el ambiente familiar y de una sociedad; en las posibilidades de defenderse mejor o peor en la vida; en las posibilidades de tener un empleo y que este, a su vez, sea mejor o peor.

Coincidí el otro miércoles con los responsables de educación de Ciudadanos en el Parlamento de Andalucía –siempre es gozoso coincidir en lugares así con un político- escuchando a uno de los mayores investigadores educativos de este país: José Manuel Lacasa.  Todo un portento de datos, de informes españoles,  internacionales y comparados, en materia educativa y socioeconómica…y de los informes PISA de todo el mundo. Quieran o no quieran algunos, el PISA es actualmente el mejor indicador de cómo va una comunidad educativa.

Una de las principales conclusiones de sus estudios –corroborado por PISA- es que Andalucía es de las comunidades autónomas más desiguales de Europa en materia educativa. Y esto se debe a tres factores principales. El primero, que el curriculum educativo que estudian los chavales es inferior en contenido y calidad a la media nacional. Y esto sucede en lo público y lo privado. El segundo, el entorno socioeconómico familiar limita, todavía, las posibilidades culturales de alcanzar mayor grado de excelencia porque en Andalucía es más bajo.  Y tercero y, quizá más importante, el nivel de exigencia al alumno es más bajo.

Es precisamente un nivel de exigencia más bajo el principal causante del fracaso educativo.  Una idea que ha ido calando en la enseñanza en aras de la supuesta igualdad para no dejar a nadie en la estacada, obligando a sí a todos los compis a rendir menos, cuando podrían rendir más. Y es que, parafraseando al experto Lacasa, cuando un sistema es exigente, no significa que suspenda más, sino que todo el sistema, desde los centros, hasta los profesores y, por supuesto los alumnos, se exijan más. Y de esta manera muy pocos se quedan rezagados y, además, salen de las aulas mucho mejor preparados. Señores de la Junta. Tomen nota por favor.

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