Puertas giratorias andaluzas

Las puertas giratorias del castillo de la Junta de Andalucía permanecen con el correr de los años como si de bienes culturales protegidos se trataran. Pasan los años. Pasan los presidentes. Pasan los consejeros. Pero siempre hay un puesto donde guarecerse para aquellos escuderos fieles o molestos que es necesario compensar o acallar con el dinero de todos los andaluces. Un puesto superfluo, sin duda, porque cualquier puede hacerse cargo del mismo. Y un dinero también superfluo, porque no tiene nada de productivo. Y, sin embargo, ¡qué gran contraste! Desde el propio gobierno andaluz se exige más dinero a los andaluces y al Gobierno de la Nación para hacer realidad el sueño de la igualdad para todos, cuando esa misma realidad es injusta e indiscriminada, solo apta para unos pocos elegidos. Se le quita el dinero a los herederos andaluces –conseguido con el sudor de la frente durante generaciones por una clase trabajadora- por el capricho de una ideología irreal, para mantener a unos pocos afortunados, también herederos, pero no de un trabajo esforzado durante décadas, sino de un sistema que premia a los suyos y, por ende, castiga a todos los demás, dentro y fuera de las fronteras de Andalucía. Nada ha cambiado. ¿Para qué si funciona? ¿Para qué si nadie protesta? ¿Para qué si a mí no me afecta? Conformismo. Egoísmo. ¿Demasiados vientres agradecidos?

La práctica tan criticada por todos los partidos políticos –y la sociedad- de recolocar a los altos cargos de un gobierno en otros puestos bien remunerados cuando dejan el cargo al que accedieron sigue muy actual. Tras la remodelación del gobierno de la Junta de Andalucía por Susana Díaz, cinco consejeros salieron, y cuatro consejeros han sido recolocados y seguirán cobrando del erario público. Mis felicitaciones por la coherencia del exconsejero de Justicia, Emilio de Llera, quien ha vuelto de donde fue sacado, la fiscalía. Esto debería ser lo ordinario y lo justo. Porque uno va a la política a servir, no a servirse de ella para su propio ego. O bolsillo. Cierto que algunos exconsejeros no necesitaban de ese nuevo cargo, como José Sánchez Maldonado o Adelaida de la Calle, ambos provenientes de la Universidad. Y no pongo en duda sus capacidades. El caso de los exconsejeros de Sanidad y Agricultura, a dirigir la Agencia de la Energía y el Puerto de Almería, es pura compensación política. Pero es muy difícil de entender para el ciudadano corriente y moliente. Y, desde luego, si queremos mejorar la calidad y la salud de nuestro sistema democrático, estas prácticas deberían ser una excepción.  Y, sin embargo, la excepción es que no vuelvan a ocupar cargos en puestos de segunda fila o en el consejo asesor de un organismo de la Junta o en el Consejo Consultivo. Buenos sueldos y una vida tranquila. Todo ocupado por ex.

Hace escasos días Iberdrola decidía aplicar un código de conducta estricto en las relaciones con los políticos. Ni regalos ni dádivas ni invitaciones. Hasta aquí hemos llegado. Una compañía que, efectivamente, fue protagonista de esas puertas giratorias. Pero, señoras y señores, el progreso se hace rectificando sobre los errores cometidos, no ahondando sobre ellos, porque a la larga es más rentable la honradez y la coherencia.

Esta entrada ha sido creada en Clave de luna, Ética y economía, General y etiquetada como , , , , , , , , . Marca el permalink. Los Trackbacks están cerrados, pero puedes enviar un comentario.

Envía tu comentario

Su correo nunca será publicado o compartido. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*