La tibieza política

La tibieza solo es buena para medir la temperatura del agua para bañarse. Por lo demás, nunca mejor que en este momento, se puede traer a colación esa sentencia evangélica: como no eres ni frio ni caliente estoy como para vomitarte de mi boca. La situación que estamos viviendo en Cataluña provocada por el Gobierno de la Generalitat requiere de respuestas y decisiones a la altura de la gravedad de los hechos que están acaeciendo. Lógicamente corresponde a los tres poderes establecidos en la Constitución tomar esas decisiones. Es en el terreno político donde, precisamente, no se está dando la claridad y unidad necesarias. Es en el partido socialista que dirige Pedro Sánchez donde la tibieza o el cálculo en sus posiciones, se ha apoderado de sus mentes inseguras o faltas de una idea clara de su papel y de la idea de España en este momento. Con las salvedades claras del socialismo andaluz y extremeño, expresados por sus dos máximos líderes.

Nada podemos esperar del partido que dirige Pablo Iglesias, siempre propenso a ir contra todo y contra todos, salvo con ellos mismos. Su única estrategia es hacerse notar, sin ningún ánimo de construir, porque en su filosofía política prima la destrucción, como buenos leninistas. Y la vanidad, como buen narcisista. Pero no se puede esperar lo mismo de un partido socialista que forma parte de la historia reciente de España y ha vivido en sus carnes tantos avatares políticos. Que la formación de Pedro Sánchez no tenga otra ocurrencia que la de intentar reprobar en estos momentos a la vicepresidenta del Gobierno, es tan vil políticamente como inútil de cara a presentar soluciones para parar esta espiral independentista que está resquebrajando la sociedad catalana.

Señor Sánchez. Bájese de la demagogia. Es hora de actuar y tomar decisiones. Nadie es perfecto. Y se podrán cometer errores en una situación tan compleja. Pero hay que posicionarse del lado de la democracia constitucional y de la unidad. Ya habrá tiempo para construir, pero eso será después de cortar la sangría de irracionalidad y sufrimiento que la Generalitat está provocando. Haga las cosas más fáciles para el Gobierno y para todos los españoles. Súmese a la mayoría sin condiciones. Es la hora de los grandes políticos y de las grandes decisiones, como corresponde a tomar por los cuernos un problema gravísimo.

Es difícil de saber si el Gobierno debería de haber actuado antes o no, y de qué forma. Si a estas alturas del conflicto no hay un consenso político mayoritario, antes ni pensarlo. Pero una vez escuchado el parecer del Jefe del Estado, todo está mucho más claro. Y el señor Rajoy y su gobierno han de actuar sin más demora. Sin tibiezas. Sin quedarse a medio camino. Sin miedo a contristar. Las cosas no se arreglan sin esfuerzo y sufrimiento. Es de hecho, la piedra de toque de que la herida curará. Escuchen al Alfonso Guerra sereno hablando sobre esta cuestión. Más claro, agua. Con todas sus chanzas, es una mente experimentada y preclara. En él se puede decir que, como el vino, mejora con el tiempo.

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