Repensar la Democracia

Gracias a Dios que hay personas con la suficiente lucidez como para traer a colación a estas páginas y a otras, reflexiones sobre nuestro joven sistema político que hemos dado en llamar, democracia parlamentaria, analizando sus vacíos, bondades y olvidos. Por desgracia cuando las cosas van medianamente bien, nadie se plantea arreglar nada. Pero cuando surgen los problemas de verdad, primero que se detectan demasiado tarde para solucionarlo de forma rápida y eficiente; segundo se buscan los culpables; y tercero, se piensa como arreglamos el marrón con el mayor consenso posible y sin pisar demasiados cayos. Que es lo que estamos viendo en Cataluña. Al final, como no actúan los políticos cuando tienen que actuar con responsabilidad, viene el imperio de la ley –aprobada por los parlamentarios del Congreso y Senado- y los jueces la aplican, sea para bien o para mal de la política. Que es lo que estamos viendo en Cataluña.

La democracia tiene separación de poderes. Ni mucho menos total, pero al menos se puede decir que sí. La democracia reside en la mayoría popular. Ni mucho menos se traduce luego en las urnas y en la formación de gobiernos, pero se puede decir que sí. La democracia te puede llevar al gobierno del país a la persona más desastrosa del mundo y someter a los demás por el voto de una mayoría. La democracia puede consentir partidos que atenten contra los valores democráticos por no se sabe qué razón, capaces de lapidar la propia democracia. Increíble, pero cierto. La democracia puede meter en la cárcel a un pringao o a un pez gordo, pero dejar fuera a un cuello blanco. Tiene muchas otras cosas buenísimas, y por eso la queremos en términos generales. Pero tiene demasiadas debilidades y es demasiado permisiva. Y, sobre todo, es vulnerable al relativismo imperante. A lo que todo el mundo entiendo por corrección política, que es una manera de tragarse los sapos y no resolver los problemas. Mientras no se tenga a la Verdad como objeto de legislación y decisión, seguiremos dando bandazos y permitiendo todo. Incluido el independentismo. Al tiempo.

Una de las cosas más importantes que habría que repensar en democracia, es el papel que queremos que jueguen los políticos. Son ellos los que tienen la capacidad de gobernar y legislar. Son ellos los responsables absolutos de la administración de los impuestos que pagamos. Son los putos amos, con perdón. Los que nos llevan hacia el precipicio o los que nos llevan hacia el progreso. Los que abusan del encargo recibido para beneficio propio y de su partido, o los que trabajan realmente para el bien común de todos.  La sociedad civil organizada y plural ha de tener la capacidad de movilizar un nuevo ordenamiento que coloque a las personas mejor preparadas en la punta de lanza de la política. Es decir, se trataría de profesionalizar la política y a los políticos. De premiar a los mejores y expulsar a los peores. Así de sencillo. Por el bien general. Cuantos disgustos nos ahorraríamos los españoles.

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