Nacionalismo financiero

El futuro modelo de financiación autonómica para las comunidades autónomas es el actual caballo de batalla para los partidos políticos y para los gobiernos de las autonomías, quienes se juegan su futuro más inmediato, bien porque necesitan más dinero bien porque no quieren perder los recursos que ya disfrutan. Aunque estaba en el calendario del gobierno de España alcanzar un acuerdo en estas fechas, la ola separatista catalana ha despertado el efecto contrario en las comunidades que no gozan de mecanismos propios de financiación: todas menos País Vasco y Navarra. Era cuestión de tiempo que estallaran en contra de ese modelo al considerarlo insolidario e injusto. El cupo vasco solo satisface a los nacionalistas vascos y a los vascos en general, que les va muy bien. Pero son la envidia de los soberanistas catalanes que reclaman algo similar y son la cabeza de turco de las comunidades peor financiadas, como Andalucía, Valencia o Murcia.

El modelo que salga requerirá de mucho ingenio y criterios justos y proporcionados. Pero mucho me temo que los políticos sepan poco de qué trata eso de la justicia distributiva, que sería la única vía de entendimiento para llegar a un acuerdo equitativo. Mientras los peor financiados apelan a la solidaridad para recibir más dinero, las comunidades ricas –generadoras de más recursos por la mayor actividad económica en relación a su población- apelan a su mayor capacidad de generar dinero para satisfacer todas sus necesidades antes de repartir a los demás los recursos sobrantes. Los más ricos son Madrid, Cataluña o La Rioja.

Mientras que los gobiernos de las comunidades autónomas miran para sí mismos, el gobierno de la Nación ha de mirar al conjunto del país buscando un equilibrio territorial y el desarrollo de todo el país, pero sin minar la capacidad de recursos de las autonomías que pueden financiar al resto, pues sería como matar las gallinas de los huevos de oro. Y las comunidades que reciben recursos de las demás, como Andalucía, tendrán que demostrar que saben gestionar con eficiencia el dinero que por solidaridad se les da, pues en caso contrario nadie estaría dispuesto a darle ni un duro.

El nacionalismo financiero que parecen querer ejercer en estos momentos las comunidades autónomas no es precisamente la solución para el nuevo modelo de financiación autonómica, sino más bien su cementerio. Hay que pensar como país. Por eso iniciativas de tipo populista o electoralista como la del PSOE en Cataluña de que se condone parte de su deuda o de que tenga autonomía para la recaudación de todos los impuestos, lo único que hacen es tensar mucho una cuerda que puede romperse por muchas partes. Y si el gobierno de la Junta de Andalucía hace igualmente proclamas amenazantes de mayor solidaridad sin mayores justificaciones también tensa la cuerda y le saldrán imitadores por doquier. Y así, entre todos la matamos.

Es hora de poner en valor la profesionalidad de los distintos ejecutivos para sumar un proyecto común en el que todo el mundo tendrá que ceder y esmerarse en lo suyo, a sabiendas de que quien no llora, no mama.

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