Abusadores sexuales

Cientos de cantantes de ópera revelan abusos sexuales en Suecia; detenidos dos pedófilos en España con 5.000 fotos de abusos a niñas; condenado el médico del equipo olímpico de gimnasia de Estados Unidos por abusar de más de un centenar de gimnastas; la revista Time ha elegido personalidad del año a quienes han roto el silencio sobre el acoso sexual en Hollywood; el líder de la Manada declara que es habitual que una mujer quiera sexo con “2 o 3 hombres” que acaba de conocer… Son titulares de prensa de estos dos últimos días. Y reflejan situaciones muy reales, demasiado cotidianas y extendidas, extraordinariamente traumáticas para quien las sufre, vergonzosas –además de delictivas- para quien las comete; situaciones no suficientemente denunciadas por la sociedad porque todavía se ocultan. ¿Quizá no hay suficientes personas con valor, honestidad y principios capaces de tirar la primera piedra?

Una de cada cinco niñas es víctima de abusos sexuales en España. Otro titular de hace unos días. Lo denunciaba la escritora María Martínez-Sagrera con ocasión de la presentación en Sevilla de su última novela “Infancias Rotas”. Aunque lo viene diciendo desde hace semanas por toda España, cuando inició un gira de presentaciones. Más datos impactantes con dardos que perforan el alma: cerca del 20 por ciento de los adultos ha sufrido abusos sexuales en su infancia; más del 75 por ciento de los abusos se producen en el ámbito familiar y el resto, en su mayor parte, en ámbitos de confianza. Ahí están los equipos de gimnasia, los rodajes, los coros, parroquias, academias, equipos de trabajo o deportivos, empresas…etc. Para decepción de algunos –aunque igualmente detestable-, en el ámbito clerical es residual en comparación con otros ambientes, tan grande es la ola de vicio abominable desatada en todo el mundo y de difícil justificación.

Las heridas causadas en un niño o niña por abuso sexual en el entorno familiar son conocidas medicamente, pero no reconocidas socialmente (quizá a alguien le interese que permanezcan así). De ahí surgen traumas y desorientaciones sexuales en altas tasas, pero todo es curable.

No basta con denunciar estas atrocidades, pero es necesario. Ni con meter en la cárcel a sus autores. Ni con apartar de sus cargos públicos o privados a quienes cometen estos abusos. Algunos o muchos, son enfermos; todos, desorientados; otros, déspotas, pervertidos o débiles.

Hay que ir a la raíz del problema para que se pueda evitar tanto dolor. La falta de conocimiento de la condición humana, de su dignidad como varón y mujer e incluso de su trascendencia está en el origen de estos males, y es ahí donde hay que aplicar la medicina. La inmoralidad que impera  en no pocas leyes educativas o de carácter social; lo que se muestra en películas, juegos digitales, revistas, espectáculos, programas de televisión son comportamientos desordenados imitados por los más jóvenes que no tienen argumentos para evitarlos porque nadie se los ha enseñado. Ni en su casa. Ni en clase.

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