Impuestos y financiación andaluza

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, está inmersa en una apuesta de la que no sabemos casi nada: la nueva financiación autonómica. Su lógica intención es que en el futuro reparto de fondos la comunidad autónoma reciba más de 4.000 millones de euros más. Pero no sabemos todavía cuándo se producirá eso, ni bajo qué fórmulas matemáticas y estadísticas, ni si el resto de comunidades aceptarán la propuesta realizada por la Junta, ni cómo se distribuirá ese dinero, si finalmente se obtiene. Hay un informe sobre esta materia que aprobaron los grupos parlamentarios esta semana, salvo Ciudadanos, que votó en contra. Una nota discordante que parece no haber sentado demasiado bien a la presidenta, pues en su discurso con ocasión del 28F, pidió unidad en la reivindicación. Lo cierto es que esta propuesta es la elaborada por el partido socialista, y no ha admitido ninguna enmienda, ni siquiera del PP, que finalmente también lo ha aprobado.

Con el alza de las pensiones en la batalla política, una segura mayor factura que España tendrá que pagar a Europa tras la salida de Gran Bretaña de la Unión y una abultadísima deuda pública que hay que reducir, no parece probable que el país esté en condiciones de producir un superávit en sus cuentas capaz de satisfacer las demandas de tantos sectores sociales, políticos y empresariales. La financiación autonómica futura se repartirá lo mismo que ahora, pero de manera diferente. Y se supone que será para que los desequilibrios entre comunidades autónomas se reduzcan lo más posible.

Por tanto, los resultados de la financiación autonómica de los años anteriores –una comunidad autónoma desarrollada que pueda financiarse lo más posible con recursos propios- también marcarán el futuro de la nueva financiación. Es decir, que no solo se tendrá en cuenta el nivel de desequilibrio de una comunidad sino también el resultado obtenido por la gestión de los recursos anteriores. No parece probable que otras comunidades acepten repartos mayores a otras en detrimento propio, si el dinero no da los frutos requeridos. En este balance global de la gestión por comunidades, no sé en qué puesto estará Andalucía. Parece claro que Madrid está en el mejor puesto y Extremadura en el último. Y nosotros debemos andar por el final, dado nuestro nivel de paro y de abandono escolar, unido a una de las presiones fiscales más altas de España, sobre todo hacia las clases medias y bajas.

Parece claro que la gestión de los recursos públicos se puede mejorar. Pero la política socialista tiende siempre –el peso de la historia- a financiar y aumentar el aparato público, sin tener en cuenta que se necesita de mucho recurso privado para financiar todos los servicios públicos. Y si no crece la base empresarial y se mantiene o crece la parte pública, los únicos recursos disponibles para financiarse son los impuestos a los ciudadanos. Por eso Andalucía tiene impuestos tan altos. Y por eso seguirán aumentando si no ampliamos la base empresarial. Y para que esto suceda, la administración ha de mejorar las condiciones acometiendo más inversiones productivas. Cosa que no hace.

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