Elogio a la empresa familiar

Más del 80 por ciento de las empresas andaluzas son de carácter familiar y, de esas, la mayoría son pequeñas. Se cuentan con los dedos de las manos y de los pies aquellas que superan los cien millones de facturación. Y su longevidad no supera los cien años, salvo algunas excepciones, sobre todo en las bodegas de Jerez. Una empresa familiar es más que una empresa. Es un proyecto de vida de una familia ligada a una empresa que conlleva mucho sacrificio, mucho trabajo, renuncias sin número y algunas satisfacciones. Como sucede en la familia es un lucha constante por la supervivencia, donde el beneficio a corto plazo es una tentación superable en favor del fortalecimiento y continuidad de la compañía y de todos los trabajadores de la misma.

Se equivoca quien quiera identificar a los empresarios familiares como señoritos ricachones que viven del esfuerzo de los demás. Cada uno llevará el estilo de vida que quiera y pueda –siempre hay versos sueltos-, pero esos personajes quedaron para la historia de Andalucía, cuando se paseaban a caballo por sus tierras, hoy venidas a menos. No. Por lo general, se trata de personas que, aun teniendo patrimonio, son austeras, participan a los demás del fruto de su trabajo con generosidad, miran con lupa los gastos y se desprenden de lo superfluo, dan ejemplo de laboriosidad y sacrifico a sus colaboradores, ayudan a los empleados más allá de lo que pueda dictar la justicia, prefieren aguantar el tirón antes que proceder al temido ERE que solo aplicarán sino hay más remedio para la supervivencia. Reinvierten la mayor parte del beneficio, después de satisfacer a sus accionistas, siempre con prudencia. Porque hay años buenos y años malos. Cierto que habrá empresarios-jefe mejores que otros y con más o menos carácter, pero eso lo tenemos en todas las familias y en todos los trabajos.

En fin, son la base de la economía andaluza y, por ende, de la sociedad del bienestar que disfrutamos todos. No lo olviden nunca. La actividad empresarial se inició en Andalucía algo más tarde que en otras zonas quizá por su carácter eminentemente rural. De ahí que no gocemos de un mayor número de empresas de gran tamaño. Pero las que sí han alcanzado esa cota son el motor y sostén de su zona de influencia. Ahí tenemos a Gonzalez Byass y Osborne, a AZVI y Mayoral, a Cosentino y Acesur, a Persán y Ayesa, Alvic y Eurosemillas,  Grupo Aromas y Supermercados Mas, Migasa y Dimarosa, Netco, Royal o Ángel Camacho. Por poner unos ejemplos.

La supervivencia en el tiempo de la empresa familiar no solo depende de la prudente gestión de su negocio y reparto de beneficio, sino de la gestión de los miembros de la familia en la propia empresa y de la sucesión al frente de la misma. Manteniendo sus valores esenciales, las empresas familiares han incorporado todas las novedades tecnológicas a sus procesos y las mejores prácticas de gobierno. Por eso, quien dirija la empresa en el futuro ha de ser el familiar más idóneo.  Y para eso se requiere liderazgo y conocimiento. Porque está en juego la empresa. Más aún; porque está en juego el proyecto de vida familiar.

Esta entrada ha sido creada en Clave de luna y etiquetada como , , , , , , , , , , . Marca el permalink. Los Trackbacks están cerrados, pero puedes enviar un comentario.

Envía tu comentario

Su correo nunca será publicado o compartido. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*