Startups, riesgo y oportunidad (1)

No encuentro tema más interesante en la actualidad estival que contarles una historia verdadera vivida en primera persona: la aventura de embarcarse en varias startups viendo cómo crecen los proyectos, las dificultades que encuentran, los aciertos y desastres, las penas y las satisfacciones, el éxito o el fracaso. Todo empezó cuando invertí, primero, y  entré, después, en el consejo de WPS, la empresa tecnológica del sector hotelero creada e impulsada por Pedro Fernández-Salvador. Fue, seguramente, una de las primeras startups sevillanas y españolas en tener éxito, aunque entonces no se denominaban así. En 20 años se posicionó en los primeros puestos de su nicho de mercado a nivel global y se vendió a un fondo norteamericano hace tres años que la convirtió en lo que hoy es Onix, que sigue en Sevilla.

De esa operación salió el dinero para los siguientes proyectos empresariales. Los más destacados son Bluumi, una fábrica de aplicaciones móviles con un sistema abierto para grandes corporaciones con miles de clientes o usuarios; ec2ce, posiblemente la primera empresa que aplica inteligencia artificial a toda la cadena agroalimentaria para mejorar rendimientos y prever acontecimientos futuros como cosechas o plagas; Footters, una plataforma digital para retransmitir partidos de fútbol no profesional. Nada que ver un negocio con otro, un equipo de emprendedores con otro, un estilo con otro, una cultura con otra. Pero sí que hay varias cosas en común, y la menos relevante, es que sea socio y consejero en estas tres startups.

Equipos hipermotivados, implicados en el proyecto con su trabajo, su dinero y casi todo, porque esa es la aventura de su vida. Hay una idea original; un desarrollo aplicable; la factibilidad de llevarlo a cabo; con una idea del negocio más o menos clara –esto se puede ir puliendo-. Con un valor añadido y un negocio escalable a todo el mundo. Participar en proyectos así, merece la pena. Y, además, todos creados en Sevilla. En los inicios hace falta algo de dinero para completar el proyecto y ver si se puede ganar dinero con él. Sobra cierto desorden en las tareas y trabajos, cierta desconfianza inicial normal en los nuevos accionistas que están tan locos como para entrar en esa primera ronda; sobran también excesivos requisitos y garantías de la Administración para echar una mano, que al final afrontan los accionistas privados, asumiendo todo el riesgo.

Terminado el producto, hay que hacer clientes. Encuentras, como en todo, gente que se aprovecha, gente que paga lo establecido por un trabajo y clientes que confían. Gracias a estos últimos, también salen adelante todas estas pequeñas compañías. Entre tanto, sigue haciendo falta más dinero (es como un niño recién nacido que tiene sus horas previstas para comer pero que siempre pide más y a cualquier hora). Y, por lo general, sigue siendo más barato el dinero de los accionistas: ni administraciones, ni bancos, ni nada.

Esta entrada ha sido creada en Clave de luna y etiquetada como , , , , , , , , . Marca el permalink. Los Trackbacks están cerrados, pero puedes enviar un comentario.

Envía tu comentario

Su correo nunca será publicado o compartido. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*