La buena Esperanza

Es muy afortunada esa expresión que se dice de que quien se le nota que va a tener un niño/niña: está en estado de buena esperanza. O lo que es lo mismo, mira qué bien que estás embarazada y vas a tener un hijo y todo saldrá muy bien y será maravilloso. Y la susodicha dirá que muchas gracias, sí es estupendo; y pensará que lo es, a pesar de los kilos de más, de algún vomito que otro, del cansancio y de las privaciones propias de alimentos y bebidas que a veces rayan la obsesión -que le meten los pediatras originales-.  La esperanza en alcanzar algo, siendo gozosa y buena, no está exenta de trabajos y ciertos sufrimientos. Son las dos caras de una misma moneda que no puedes separar. Y que, en todo caso, compensa. Y mucho. La satisfacción por obtener lo esperado supera toda penalidad.

Hasta en política hay estados de buena esperanza. Para una mayoría de andaluces se abre un nuevo período de mejorar las condiciones vitales, sociales y económicas de todos en Andalucía. Un modo distinto de gobernar. De relacionarse la sociedad con las cosas del gobierno. Se abre la posibilidad de crear nuevos espacios de libertad e igualdad, de iniciativa y de progreso, sin ser castigado social o políticamente, por lo que uno piensa o es. Sin complejos. Sin presión. Seguramente con nuevas caras, nuevos actores, nuevos empeños, renovados deseos de hacer mejor las cosas. Sin pensar tanto en el poder y pensar más en servir mejor a la sociedad y a las personas. Y para que esto suceda, se espera -la esperanza es lo último que se pierde- que los partidos que conforman una actual mayoría, acuerden y cierren un programa de gobierno y un Parlamento que permita llevar a cabo ese programa.

Hasta para la presidenta en funciones, Susana Díaz, se abre un momento de esperanza, como ella misma expresa en su felicitación navideña. Una esperanza que confía en el recuerdo de Lorca.

Para la política, sirve recordar que al Cabo de Buena Esperanza, el más al sur de África, se le bautizó así porque los marineros portugueses que descubrieron esa ruta hacia la India, esperaban encontrar esa ruta al doblar el cabo. Pero este cabo fue inicialmente bautizado por su descubridor, Bartolomé Díaz, como el cabo de las tormentas. Qué es lo que básicamente se encuentra el navegante hasta que cruza el extremo sur de Sudáfrica. Por fortuna, prevaleció la nomenclatura de esperanza frente al infortunio de las tormentas.

Sin embargo, la verdadera Esperanza procede de aquella niña virgen, en cinta, de la que se esperaba que naciera el hijo de Dios, a quien bautizaron con el nombre de Jesús. Esa espera del advenimiento -el llamado tiempo de Adviento- llega a su fin. En tres días se rememora el nacimiento del niño Dios. En belén. La Navidad. Tiempo de esperanza el que se abre, porque entonces como ahora, queremos vernos libres de toda esclavitud, temporal y espiritual. Y para eso el corazón ha de estar henchido de amor, humano y espiritual, que todo lo perdona y todo lo ama. Amor y perdón son dos caras de una misma moneda. Y esto solo lo encontramos de manera plena en ese niño nacido en Belén de Judá.

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