Crisis poblacional

El resultado puede denominarse crisis poblacional, pero la causa podría llamarse crisis humana. Es, desde luego, de las peores noticias que se pueden dar: en España hay más defunciones que fallecimientos. Algo que también sucede en Andalucía. Esto quiere decir que de continuar esta situación de manera estable por algunos años, la población se iría reduciendo hasta extinguirse. Y haciéndose cada vez más vieja. De hecho ya hubiéramos entrado en una fase de decrecimiento sino hubiera sido por las facilidades dadas a la población extranjera, que supone cerca del 12,5 por ciento en España y del 8,5 por ciento en Andalucía.

Lo verdaderamente preocupante es que las mujeres no tienen hijos. Media de 1,3. Las causas son múltiples. De tipo laboral, salarial, educacional, cultural y escaso apoyo del Estado. Cuando lo natural es la procreación de la especie en una civilización –tener descendencia-, el individualismo, el consumismo, la disminución de matrimonios y el aumento considerable de las roturas, las condiciones de trabajo y los escasos sueldos son motivos necesarios del escaso índice de natalidad.  Pero curiosamente, también ha crecido y sigue en ascenso el número de personas que tiene una mascota. Merece la pena preguntarse el porqué de estos cambios y tendencias. Desde luego, nadie quiere vivir y morir solo.

Posiblemente, una gran mayoría querría tener hijos y una familia. Es donde mejor se está y donde mejor se desarrollan las personas. Una pequeña comunidad de amor. La gran mayoría de españoles se ha criado en estas circunstancias, pero sin embargo, ha renunciado a dar continuidad a este modo de vida. Lógicamente, conlleva dedicación y sacrificio. El amor está unido al sacrificio. Pero a la gente le ha dado por evitar lo segundo, perdiendo así lo primero, que es quien gobierna esa pequeña comunidad. Algo que, con el tiempo se olvida y más si desde el Estado se promueve una cultura que no facilita ese entorno familiar y vital.

¿Qué podemos hacer para dar la vuelta a esta situación que acarrea consecuencias nefastas para la sociedad y la economía? Desde las instituciones saldría muy barato promover una cultura de la vida, del valor de la familia, de los hijos. Nada más natural. Se podría incentivar la natalidad, como se ha hecho en muchos países occidentales que ya sufrieron las consecuencias de la escasez de niños. Que aparezcan más familias numerosas (no hace faltan que sean de una docena de miembros) en anuncios, películas etc. Darles facilidades para la adquisición de vivienda, enseñanza, transporte etc. Más sueldo y mejores condiciones laborales –aquí los sindicatos se podrían mojar un poco-. Conciliar de verdad, lo cual podría ayudar a que se rompieran menos matrimonios. Concienciar a los varones de que las labores del hogar y los hijos son cosa de dos. Si muchos ya cocinan, lo mismo pueden aprender a coser y a planchar. Pregunten a sus padres o abuelas, y seguro que aprendemos muchas cosas buenas.

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